¿Qué sabes en realidad de los autores de los ensayos latinoamericanos?
Aquí te enseñamos un poco. 


José Martí

José Julián Martí Pérez; La Habana, 1853 - Dos Ríos, Cuba, 1895.
Político y escritor cubano, destacado precursor del Modernismo literario hispanoamericano y uno de los principales líderes de la independencia de su país.
Nacido en el seno de una familia española con pocos recursos económicos, a la edad de doce años José Martí empezó a estudiar en el colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María de Mendive, quien se fijó en las cualidades intelectuales del muchacho y decidió dedicarse personalmente a su educación.
El joven Martí pronto se sintió atraído por las ideas revolucionarias de muchos cubanos, y tras el inicio de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y el encarcelamiento de su mentor, inició su actividad revolucionaria: publicó la gacetilla El Diablo Cojuelo, y poco después una revista, La Patria Libre, que contenía su poema dramático Abdala. A los diecisiete años José Martí fue condenado a seis años de cárcel por su pertenencia a grupos independentistas; realizó trabajos forzados en el penal hasta que su mal estado de salud le valió el indulto.
Deportado a España, en este país publicó su primera obra de importancia, el drama La adúltera. Inició en Madrid estudios de derecho y se licenció en derecho y filosofía y letras por la Universidad de Zaragoza. Durante sus años en España surgió en él un profundo afecto por el país, aunque nunca perdonó su política colonial. En su obra La República Española ante la Revolución Cubana reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de contrición y reconociese los errores cometidos en Cuba.
Tras viajar durante tres años por Europa y América, José Martí acabó por instalarse en México. Allí se casó con la cubana Carmen Zayas-Bazán y, poco después, gracias a la paz de Zanjón, que daba por concluida la Guerra de los Diez Años, se trasladó a Cuba. Deportado de nuevo por las autoridades cubanas, temerosas ante su pasado revolucionario, se afincó en Nueva York y se dedicó por completo a la actividad política y literaria.
Desde su residencia en el exilio, José Martí se afanó en la organización de un nuevo proceso revolucionario en Cuba, y en 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano y la revista Patria. Se convirtió entonces en el máximo adalid de la lucha por la independencia de su país.
Dos años más tarde, tras entrevistarse con el generalísimo Máximo Gómez, se incorporó a una nueva intentona que daría lugar a la definitiva Guerra de la Independencia (1895-1898). Pese al embargo de sus barcos por parte de las autoridades estadounidenses, pudo partir al frente de un pequeño contingente hacia Cuba, pero fue abatido por las tropas realistas en 1895; contaba cuarenta y dos años. Junto a Simón Bolívar y José de San Martín, José Martí es considerado uno de los principales protagonistas del proceso de emancipación de Hispanoamérica.
La poesía de José Martí
Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de la etapa de transición al Modernismo, que en América supuso la llegada de nuevos ideales artísticos. Como poeta se le conoce por Versos libres (1878-1882, publicados póstumamente); Ismaelillo (1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido; y Versos sencillos (1891), un poemario decididamente modernista en el que predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular.
Escritos en su mayor parte en 1882, los poemas de Versos libres no vieron la luz hasta su publicación póstuma en 1913, muchos años después de su muerte. El propio Martí calificó esos versos de "endecasílabos hirsutos, nacidos de grandes miedos, o de grandes esperanzas, o de indómito amor de libertad, o de amor doloroso a la hermosura".
El tono fuerte y áspero de este volumen, por el que Martí proclamaba su propia preferencia, impresionó vivamente a Miguel de Unamuno, cuyos juicios serían el punto de partida de la valoración de la obra. Su fuerza vibratoria, tanto formal como en los contenidos, se hace evidente en composiciones como "Poética", "Mi poesía" o "Cuentan que antaño", en las que se sirvió de un lenguaje vigoroso y oscuro, por momentos incluso pasional.
La poesía de José Martí se funda en una visión dualista de la humanidad: realidad e idealismo, espíritu y materia, verdad y falsedad, conciencia e inconsciencia, luz y oscuridad. Los poemas de Ismaelillo (1882), libro dedicado a su hijo, son un ejemplo de ello: la debilidad y la inocencia del niño son su fuerza.
En Versos sencillos (1891), José Martí expresa el sentimiento que le despierta la alegría de la naturaleza y el mal de la civilización. El sufrimiento y el temor al paso del tiempo también fueron elementos frecuentes en su lírica, donde se advierte un acercamiento al romanticismo que muchos críticos han considerado superior al de otros de sus contemporáneos. En A mis hermanos muertos el 27 de noviembre (1872), publicado durante su destierro en España, Martí dedica sus versos a los estudiantes muertos en una masacre acaecida en aquella fecha.
Obra en prosa
Su única novela, Amistad funesta, también llamada Lucía Jérez y firmada con el pseudónimo de Adelaida Ral, fue publicada por entregas en el diario El Latino-Americano entre mayo y septiembre de 1885; aunque en su argumento predomina el tema amoroso, en esta obra de final trágico también aparecen elementos sociales. Entre sus obras dramáticas destacan Abdala (1869), drama simbólico en un acto y en octosílabos, La Adúltera (1873) y Amor con amor se paga (1875), también en verso y estrenado en México.
La prosa de Martí se vio influida por la obra del norteamericano Ralph Waldo Emerson, para quien la palabra debía ser tan elocuente como poética e intensa dentro de un discurso sencillo y conciso. Era consciente, como acaso sólo lo fueron los modernistas inmediatamente posteriores a él, de todas las posibilidades del lenguaje, y consideraba que sus recursos estaban íntimamente ligados a las cualidades humanas del pueblo, que en última instancia era quien los inventaba.
Tanto la prosa como la poesía de Martí resultan inseparables de su biografía; él mismo declaró que eran parte indiscutible de su máxima preocupación, que no era otra que la política. Personalidad optimista, sus opiniones sobre el hombre, la poesía o la sociedad son aspectos que aparecen en sus obras al servicio de unas concepciones que tenían siempre al ser humano como centro. A largo plazo su objetivo era la mejora de la humanidad, pero a corto plazo lo era la liberación de Cuba, a la que dedicó todos sus esfuerzos.
Por ello, su producción en prosa fue en su mayor parte funcional, como sus ensayos sobre Simón Bolívar, José de San Martín o el general José Antonio Páez, en relación a los héroes del pasado, y sobre el general Máximo Gómez, Walt Whitman o Ralph Waldo Emerson entre los contemporáneos; en tales textos, que constituyeron lo mejor de su prosa, exaltó las cualidades de personajes que admiraba. Dentro de la primera edición de sus obras completas, el volumen titulado Norteamericanos reunió póstumamente sus estudios sobre figuras del norte; otros dos volúmenes, bajo el título Nuestra América, contienen los trabajos de Martí consagrados a estudiar aspectos de la vida, la cultura y la historia de la América hispana. En ellos expresó su mensaje americanista y resumió su precursora teoría de la debilidad de las naciones hispánicas, en las que existía un enorme abismo entre las clases dirigentes e intelectuales y el pueblo. 
Cronista y crítico excepcional, hizo de muchos de sus textos auténticos ensayos, algunos de carácter revolucionario como El presidio político en Cuba (1871), reflejo de gran fuerza lírica de su condena a trabajos forzados en el que denuncia las penurias que sufrían los independentistas. Cabe destacar también La República Española ante la Revolución Cubana (1873) y Cuba y los Estados Unidos (1889), refutación de los ataques de la prensa norteamericana a los patriotas cubanos, así como El Manifiesto de Montecristi o su Diario de campaña.
También fundó una revista para niños, La Edad de Oro (1889), publicada en Nueva York y en la que aparecieron los cuentos Bebé y el señor Don Pomposo, Nené traviesa y La muñeca negra. Íntegramente redactada por Martí, esta publicación muestra una serie de aspectos de su personalidad y constituye también una demostración de cómo supo anticiparse a muchas conquistas de la pedagogía moderna: una vez más, puso de relieve en esos escritos su preocupación por las normas de justicia y dignidad humanas, que debían cultivarse en el niño desde su más tierna edad.
José Martí colaboró a lo largo de su vida en innumerables publicaciones de distintos países, como La Revista Venezolana, La Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires o la Revista Universal de México. Sus Obras completas (que en la edición de 1963-1965 constan de veinticinco volúmenes) incluyen asimismo un nutrido epistolario (sus cartas, también reveladoras de su singular personalidad, han merecido excepcionales comentarios) y numerosos discursos, muchos de ellos dedicados a enardecer el sentimiento patriótico de los cubanos que radicaban como él en la emigración, llamándolos al esfuerzo común gracias al cual se lograría la independencia de la patria.

Referenciahttp://www.josemarti.cu/biografia/

Documental de vida de José Martí

Ensayos

"A aprender en las haciendas"
Nuestras tierras feracísimas, ricas en todo género de cultivos, dan poco fruto y menos de lo que debían por los sistemas rutinarios y añejos de arar, sembrar y recoger que aún privan en nuestros países, y por el uso de instrumentos ruines.
Surge de esto una necesidad inmediata;–hay que introducir en nuestras tierras los instrumentos nuevos:–hay que enseñar a nuestros agricultores los métodos probados con que en los mismos frutos logran los de otros pueblos resultados pasmosos.
¿Qué valla quedará en pie, qué competencia no será vencida, qué rivales mantendrán sus fueros cuando los instrumentos modernos, y las mejores prácticas ya en curso, fecunden las comarcas americanas? Buenos Aires sabe de esto,–Buenos Aires que está sacando cada mes de estos puertos cuatro o seis buques cargados de instrumentos de agricultura.
Mas ni todos nuestros pueblos gozan de la misma próspera condición que el de la Plata,–ni en todos es posible la introducción cuantiosa de los nuevos y, por el tiempo y labor que ahorran, generosos aperos de labrar; ni la mera introducción de ellos en tierras no preparadas para recibirlos y hacerlos útiles, basta a cambiar como por magia, el estado rudimentario de nuestros cultivos.
Ni se tienen en todas partes los capitales importantes que la compra de nuevos aprestos de cultivo necesitan;–ni es suficiente que se entren por las tierras los instrumentos si no entra con ellos quien los maneje, y acondicione el suelo para aprovecharlos; ni aun con los especiales halagos que las Exposiciones brindan, se atreven siempre los fabricantes de ellos a enviar sus productos a pueblos donde temen que la venta no compense los costos del envío.
Si los instrumentos no van, pues, es preciso venir a buscarlos.
Pero ya lo dijimos: aun cuando los instrumentos vayan, no van con ellos las nuevas prácticas agrícolas que los hacen fecundos. Esto no se aprende, o se aprende mal, en libros. Esto no puede exhibirse en las Exposiciones. Esto, sólo en parte, y con grandísimo dispendio, podría enseñarse en las Escuelas de Agricultura. Hay que venir a aprender esto donde está en pleno ejercicio y curso práctico. Se manda,—locamente acaso—a los niños hispano-americanos, a colegios de fama de esta tierra, a que truequen la lengua que saben mal por la extraña que nunca aprenden bien;–y a que,—en el conflicto de la civilización infantil, pero delicada que viene con ellos,—y la civilización viril, pero brusca, peculiar y extraña que aquí les espera—salgan con la mente confusa y llena de recuerdos de lo que trajeron y reflejos imperfectos de lo nuevo que ven, inhábiles acaso ya para la vida espontánea, ardiente y exquisita de nuestros países, y todavía inhábiles para la rápida, arremolinada, arrebatada existencia de esta tierra.–Los árboles de un clima no crecen en otro, sino raquíticos, descoloridos, deformes y enfermos.
Pues así como se manda a los niños de Hispano-América a aprender lo que en sus tierras, por elementales que sean, aprenderían mejor, con riesgo de perder aquel aroma de la tierra propia que da perpetuo encanto y natural y saludable atmósfera a la vida;–así como se sirve en oficinas de comercio, a adquirir tras largos años un puñado de prácticas vulgares que caben en una cáscara de nuez, y que se aprenden de igual modo en la casa propia, sin perder lo que se pierde siempre en la ajena,–así, sin tanto riesgo y con mayor provecho, deben enviar los Gobiernos a agricultores ya entendidos; y los padres, a los hijos a quienes quieran hacer beneficio verdadero con enseñarles en el cultivo de la tierra la única fuente absolutamente honrada de riqueza; y los hacendados, a hombres capaces de llevar luego a sus haciendas las mejoras que en las de acá vean,–a estudiar la agricultura nueva en los cultivos prósperos,–a vivir durante la época de una a varias cosechas en las haciendas donde se siguen los sistemas recientes, a adquirir en todos sus detalles, sin lo que no es fructífero, el conocimiento personal y directo de las ventajas de los métodos e instrumentos modernos.
Urge cultivar nuestras tierras del modo con que cultivan las suyas nuestros rivales.
Estos modos de cultivo no viajan.
Hay que venir a aprenderlos, puesto el ancho sombrero y la blusa holgada del labrador,–al pie de las labranzas.
Es acaso el único medio fácil, fecundo y perfecto de importar en nuestros países las nuevas prácticas agrícolas.
Se mandan aprendices a los talleres de maquinaria,–en lo que se hace bien: mándense, en lo que se hará mejor, aprendices a las haciendas.
La América. Nueva York, agosto de 1883.

Referencia: http://www.josemarti.cu/publicacion/a-aprender-en-las-haciendas/

"Maestros Ambulantes"
"¿Pero ¿cómo establecería usted ese sistema de maestros ambulantes de que en libro alguno de educación hemos visto menciones, y usted aconseja en uno de los números de La América, del año pasado que tengo a la vista?" –Esto se sirve preguntarnos un entusiasta caballero de Santo Domingo.
Le diremos en breve que la cosa importa, y no la forma en que se haga.
Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria.
Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida.
Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz.
Está condenado a morir un pueblo en que no se desenvuelven por igual la afición a la riqueza y el conocimiento de la dulcedumbre, necesidad y placeres de la vida.
Los hombres necesitan conocer la composición, fecundación, transformaciones y aplicaciones de los elementos materiales de cuyo laboreo les viene la saludable arrogancia del que trabaja directamente en la naturaleza, el vigor del cuerpo que resulta del contacto con las fuerzas de la tierra, y la fortuna honesta y segura que produce su cultivo.
Los hombres necesitan quien les mueva a menudo la compasión en el pecho, y las lágrimas en los ojos, y les haga el supremo bien de sentirse generosos: que por maravillosa compensación de la naturaleza aquel que se da, crece; y el que se repliega en sí, y vive de pequeños goces, y teme partirlos con los demás, y sólo piensa avariciosamente en beneficiar sus apetitos, se va trocando de hombre en soledad, y lleva en el pecho todas las canas del invierno, y llega a ser por dentro, y a parecer por fuera, –insecto.
Los hombres crecen, crecen físicamente, de una manera visible crecen, cuando aprenden algo, cuando entran a poseer algo, y cuando han hecho algún bien.
Sólo los necios hablan de desdichas, o los egoístas. La felicidad existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad. El que la busque en otra parte, no la hallará: que después de haber gustado todas las copas de la vida, sólo en ésas se encuentra sabor. –Es leyenda de tierras de Hispanoamérica que en el fondo de las tazas antiguas estaba pintado un Cristo, por lo que cuando apuran una, dicen: "¡Hasta verte, Cristo mío!" ¡Pues en el fondo de aquellas copas se abre un cielo sereno, fragante, interminable, rebosante de ternura!
Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Ser culto es el único modo de ser libre.
Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.
Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. La naturaleza no tiene celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie. Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza. Y como en cada región sólo se dan determinados productos, siempre se mantendrá su cambio activo, que asegura a todos los pueblos la comodidad y la riqueza.
No hay, pues, que emprender ahora cruzada para reconquistar el Santo Sepulcro. Jesús no murió en Palestina, sino que está vivo en cada hombre. La mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo.
He ahí, pues, lo que han de llevar los maestros por los campos. No sólo explicaciones agrícolas e instrumentos mecánicos; sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien a los hombres.
El campesino no puede dejar su trabajo para ir a sendas millas a ver figuras geométricas incomprensibles, y aprender los cabos y los ríos de las penínsulas del África, y proveerse de vacíos términos didácticos. Los hijos de los campesinos no pueden apartarse leguas enteras días tras días de la estancia paterna para ir a aprender declinaciones latinas y divisiones abreviadas. Y los campesinos, sin embargo, son la mejor masa nacional, y la más sana y jugosa, porque recibe de cerca y de lleno los efluvios y la amable correspondencia de la tierra, en cuyo trato viven. Las ciudades son la mente de las naciones; pero su corazón, donde se agolpa, y de donde se reparte la sangre, está en los campos. Los hombres son todavía máquinas de comer, y relicarios de preocupaciones. Es necesario hacer de cada hombre una antorcha.
¡Pues nada menos proponemos que la religión nueva y los sacerdotes nuevos! ¡Nada menos vamos pintando que las misiones con que comenzará a esparcir pronto su religión la época nueva! El mundo está de cambio; y las púrpuras y las casullas, necesarias en los tiempos místicos del hombre, están tendidas en el lecho de la agonía. La religión no ha desaparecido, sino que se ha transformado. Por encima del desconsuelo en que sume a los observadores el estudio de los detalles y envolvimiento despacioso de la historia humana, se ve que los hombres crecen, y que ya tienen andada la mitad de la escala de Jacob: ¡qué hermosas poesías tiene la Biblia! Si acurrucado en una cumbre se echan los ojos de repente por sobre la marcha humana, se verá que jamás se amaron tanto los pueblos como se aman ahora, y que a pesar del doloroso desbarajuste y abominable egoísmo en que la ausencia momentánea de creencias finales y fe en la verdad de lo Eterno trae a los habitantes de esta época transitoria, jamás preocupó como hoy a los seres humanos la benevolencia y el ímpetu de expansión que ahora abrasa a todos los hombres. Se han puesto en pie, como amigos que sabían uno de otro, y deseaban conocerse; y marchan todos mutuamente a un dichoso encuentro.
Andamos sobre las olas, y rebotamos y rodamos con ellas; por lo que no vemos, ni aturdidos del golpe nos detenemos a examinar, las fuerzas que las mueven. Pero cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedarán más cerca de la tierra. ¡El hombre envainará al fin en el sol su espada de batalla!
Eso que va dicho es lo que pondríamos como alma de los maestros ambulantes. ¡Qué júbilo el de los campesinos, cuando viesen llegar, de tiempo en tiempo, al hombre bueno que les enseña lo que no saben, y con las efusiones de un trato expansivo les deja en el espíritu la quietud y elevación que quedan siempre de ver a un hombre amante y sano! En vez de crías y cosechas se hablaría de vez en cuando, hasta que al fin se estuviese hablando siempre, de lo que el maestro enseñó, de la máquina curiosa que trajo, del modo sencillo de cultivar la planta que ellos con tanto trabajo venían explotando, de lo grande y bueno que es el maestro, y de cuándo vendrá, que ya les corre prisa, para preguntarle lo que con ese agrandamiento incesante de la mente puesta a pensar, ¡les ha ido ocurriendo desde que empezaron a saber algo! ¡Con qué alegría no irían todos a guarecerse dejando palas y azadones, a la tienda de campaña, llena de curiosidades, del maestro!
Cursos dilatados, claro es que no se podrían hacer; pero sí, bien estudiadas por los propagadores, podrían esparcirse e impregnarse las ideas gérmenes. Podría abrirse el apetito del saber. Se daría el ímpetu.

Y esta sería una invasión dulce, hecha de acuerdo con lo que tiene de bajo e interesado el alma humana; porque como el maestro les enseñaría con modo suave cosas prácticas y provechosas, se les iría por gusto propio sin esfuerzo infiltrando una ciencia que comienza por halagar y servir su interés; –que quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones, sino contarlas como factor importantísimo, y ver de no obrar contra ellas, sino con ellas.
No enviaríamos pedagogos por los campos, sino conversadores. Dómines no enviaríamos, sino gente instruida que fuera respondiendo a las dudas que los ignorantes les presentasen o las preguntas que tuviesen preparadas para cuando vinieran, y observando dónde se cometían errores de cultivo o se desconocían riquezas explotables, para que revelasen estas y demostraran aquellos, con el remedio al pie de la demostración.
En suma, se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.
La escuela ambulante es la única que puede remediar la ignorancia campesina.
Y en campos como en ciudades, urge sustituir al conocimiento indirecto y estéril de los libros, el conocimiento directo y fecundo de la naturaleza.
¡Urge abrir escuelas normales de maestros prácticos, para regarlos luego por valles, montes y rincones, como cuentan los indios del Amazonas que, para crear a los hombres y a las mujeres, regó por toda la tierra las semillas de la palma moriche el Padre Amalivaca!
Se pierde el tiempo en la enseñanza elemental literaria, y se crean pueblos de aspiradores perniciosos y vacíos. El sol no es más necesario que el establecimiento de la enseñanza elemental científica.


Referencia: https://www.ensayistas.org/antologia/XIXA/marti/marti3.htm

Documental "Maestros Ambulantes"

Críticas personales de los Ensayos expuestos

"A aprender en las haciendas"
Personalmente, me encuentro de acuerdo con la postura del autor que presenta en el ensayo, ya que, definitivamente si un país no invierte en recursos modernos y eficaces que ayuden a la mejora del surgimiento de un sector económico, como lo es la agricultura en este caso expuesto, está destinado a tener resultados mediocres. El ensayo emplea muy bien los ejemplos de la Plata a comparación con otros lugares de Buenos Aires, diciendo que de nada sirve tampoco tener los recursos pero no tener quien los pueda manipular de manera correcta, por lo tanto se alienta a que se enseñe las diversas técnicas de agricultura fundamentalmente mediante la práctica, un hecho con el que, reitero, me encuentro completamente de acuerdo. 

"Maestros ambulantes"
A manera personal, opino que el ensayo logra  profundizar de manera eficaz algunas ideas acerca de los conocimientos y la educación, con el objetivo de demostrar su esencia desalienadora y de mejoramiento humano. Entre los temas más importantes que logra exponer el autor están la atención que le brinda al hecho de conocer el todo, las partes que lo componen, los detalles que parecen insignificantes, así como los vínculos ciencia-educación-libertad. Así mismo se puede concluir del texto, ideas con las cuales me encuentro en absoluto acuerdo, que los conocimientos no solo tienen utilidad práctica y cognoscitiva, sino también desalienadora y de mejoramiento humano. 

Igualmente se logra reconocer que la vigencia de los ideales que posee el autor acerca de la educación se debe a los nexos que establece entre la labor educativa y las exigencias de la época histórica, cuya constante es la defensa de la patria.

¿Mantienen vigencia en la actualidad? 



Eduardo Galeano

Eduardo Hugues Galeano; Montevideo, 1940 - 2015 
Escritor y periodista uruguayo cuya obra, comprometida con la realidad latinoamericana, indaga en las raíces y en los mecanismos sociales y políticos de Hispanoamérica.
Se inició en el periodismo a los catorce años, en el semanario socialista El Sol, en el que publicaba dibujos y caricaturas políticas que firmaba como Gius. Posteriormente fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del diario Época. En 1973 se exilió en Argentina, donde fundó la revista Crisis, y en 1976 continuó su exilio en España.
Regresó a Uruguay en 1985, cuando Julio María Sanguinetti asumió la presidencia del país por medio de elecciones democráticas. Posteriormente fundó y dirigió su propia editorial (El Chanchito), publicando a la vez una columna semanal en el diario mexicano La Jornada. En 1999 fue galardonado en Estados Unidos con el Premio para la Libertad Cultural, de la Fundación Lanna.
Su obra, traducida a mas de veinte lenguas, es una perpetua y polémica interpretación de la realidad de América Latina, estimada por muchos como una radiografía del continente. Eduardo Galeano es, sin duda, uno de los cronistas de trayectoria más incisiva, inteligente y creadora de su país. Una de sus obras más conocidas es Las venas abiertas de América Latina, un análisis de la secular explotación del continente sudamericano desde los tiempos de Colón hasta la época presente que, desde su publicación en 1971, ha tenido más de treinta ediciones.
En dos ocasiones obtuvo el premio Casa de las Américas: en 1975 con su novela La canción de nosotros y en 1978 con el testimonio Días y noches de amor y de guerra. En la primera obra, La canción de nosotros, abordaba el complejo tema de la lucha armada y la relación entre las fuentes culturales populares y la militancia de izquierdas de la pequeña burguesía.
La segunda, Días y noches de amor y de guerra, es una crónica novelada de las dictaduras de Argentina y Uruguay, aunque hay continuas referencias al entorno latinoamericano. En ella se relatan las vivencias de un periodista en un país aplastado por el poder militar y paramilitar en un período atroz, marcado por la violencia ejercida sobre los discrepantes.
Sin embargo, junto al horror de amigos que desaparecían en ocasiones "por error" y otras simplemente por pensar por sí mismos, están el amor, los amigos, los hijos, el paisaje, todo aquello que aun en la oscuridad de una guerra sucia y despiadada contra los más débiles sigue siendo motivo para vivir, defender las ideas y alzar la voz contra los que actuaban impunemente para implantar el miedo y la consiguiente paralización. En la primera página ya se anuncia: "Todo lo que aquí se cuenta, ocurrió. El autor lo escribe tal como lo guardó en su memoria. Algunos nombres, pocos, han sido cambiados". Aunque los hechos son, pues, dolorosamente reales, están contados con sobriedad, sin llegar al regodeo y la autocompasión.
Su trilogía Memoria del fuego, que combina elementos de la poesía, la historia y el cuento, está conformada por Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986), y fue premiada por el Ministerio de Cultura del Uruguay y también con el American Book Award, distinción que otorga la Washington University. La obra es una cronología de acontecimientos culturales e históricos que proporcionan una visión de conjunto sobre la identidad latinoamericana. Por su audaz mezcla de géneros y su talante crítico es quizá una de las obras más ilustrativas de la labor de Galeano.
En Memoria del fuego, Eduardo Galeano lleva a cabo una revisión de la historia de Latinoamérica desde el descubrimiento de América hasta nuestros días, con el propósito de enfrentarse a la "usurpación de la memoria" que él denuncia en la historia oficial. Se trata de un texto de carácter híbrido, entre el relato y el informe, entre la recopilación de poemas y la transcripción de documentos, entre la descripción de los hechos y la interpretación de los movimientos sociales y culturales que los sustentan.
Excepto la primera parte de Los nacimientos, titulada "Primeras voces", la obra se estructura como un mosaico de breves textos independientes que, sin embargo, encajan y se articulan entre sí para formar un cuadro completo de los últimos quinientos años de la historia de América, siempre desde la perspectiva de los desheredados y buscando la diversidad en los temas, las voces y los estilos. Cada uno de estos textos va encabezado por el año y el lugar en el que tiene lugar el episodio que se narra. Al pie del mismo se citan las obras que documentan los datos allí recogidos.
El criterio que se sigue para la ordenación de estos fragmentos es estrictamente cronológico, mientras que el criterio geográfico es intencionadamente ignorado, para mejor conseguir la impresión de unidad de la historia americana, más allá de unas fronteras a menudo fijadas en función de intereses ajenos a las verdaderas realidades nacionales y a golpe de guerra fratricida o de abuso imperialista.

Por otra parte, Galeano huye explícitamente de la imparcialidad; no busca la construcción de un discurso aséptico en el que los hechos y las gentes queden igualados por una mirada presuntamente objetiva. Su pretensión, y sin duda su logro, es reflejar el drama de América en su multidimensionalidad: el juego del poder; la lucha de los oprimidos en pos de su emancipación; la creación de un arte y una literatura genuinos, más allá del mimetismo colonial; las transformaciones sociales y económicas; la evolución de las relaciones interamericanas y con el exterior, etc. El punto de vista es abiertamente partidista, rechazando todo aquello que ha instalado a América Latina en una subordinación que se pretende inevitable y la brutal explotación y el aniquilamiento a que han sido sometidos los pobres de todo el continente, incluyendo a los marginados del Norte poderoso y opulento, sean indios, negros, chinos o chicanos.
Escritor prolífico, la obra de Eduardo Galeano abarca los más diversos géneros narrativos y periodísticos. Otros títulos suyos a destacar son Los días siguientes (1962), China, crónica de un desafío (1964), Los fantasmas de día de León (1967), Guatemala, país ocupado (1967), Nosotros decimos no (1989), El libro de los abrazos (1989), Las palabras andantes (1993), El fútbol a sol y sombra (1995), Las aventuras de los jóvenes dioses (1998), Patas arriba. La escuela del mundo al revés (1999), Bocas del tiempo (2004) y Espejos. Una historia casi universal (2008).
Referencia: www.biografiasyvidas.com/biografia/g/galeano.htm

Documental de vida Eduardo Galeano


Ensayos


"Ser como ellos"

Los sueños y las pesadillas están hechos de los mismos materiales, pero esta pesadilla dice ser nuestro único sueño permitido: un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas. ¿Podemos ser como ellos? Promesa de los políticos, razón de los tecnócratas, fantasía de los desamparados: el Tercer Mundo se convertirá en Primer Mundo, y será rico y culto y feliz, si se porta bien y si hace lo que le mandan sin chistar ni poner peros. Un destino de prosperidad recompensará la buena conducta de los muertos de hambre, en el capítulo final de la telenovela de la Historia. Podemos ser como ellos, anuncia el gigantesco letrero luminoso encendido en el camino del desarrollo de los subdesarrollados y la modernización de los atrasados. Pero lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible, como bien decía Pedro el Gallo, torero: si los países pobres ascendieran al nivel de producción y derroche de los países ricos, el planeta moriría. Ya está nuestro desdichado planeta en estado de coma, gravemente intoxicado por la civilización industrial y exprimido hasta la penúltima gota por la sociedad de consumo. En los últimos veinte años, mientras se triplicaba la humanidad, la erosión asesinó al equivalente de toda la superficie cultivable de los Estados Unidos. El mundo, convertido en mercado y mercancía, está perdiendo quince millones de hectáreas de bosque cada año. De ellas, seis millones se convierten en desiertos. La naturaleza, humillada, ha sido puesta al servicio de la acumulación de capital. Se envenena la tierra, el agua y el aire para que el dinero genere más dinero sin que caiga la tasa de ganancia. Eficiente es quien más gana en menos tiempo. La lluvia ácida de los gases industriales asesina los bosques y los lagos del Norte del mundo, mientras los desechos tóxicos envenenan los ríos y los mares, y al Sur la agro industria de exportación avanza arrasando árboles y gente. Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha, con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado. Del bosque al desierto: modernización, devastación. En la hoguera incesante de la Amazonia arde media Bélgica por año, quemada por la civilización de la codicia, y en toda América Latina la tierra se está pelando y secando. En América Latina mueren veintidós hectáreas de bosque por minuto, en su mayoría sacrificadas por las empresas que producen carne o madera, en gran escala, para el consumo ajeno. Las vacas de Costa Rica se convierten, en los Estados Unidos, en hamburguesas McDonald. Hace medio siglo, los árboles cubrían las tres cuartas partes del territorio de Costa Rica: ya son muy pocos los árboles que quedan, y al ritmo actual de deforestación, este pequeño país será tierra calva al fin del siglo. Costa Rica exporta carne a los Estados Unidos, y de los Estados Unidos importa plaguicidas que los Estados Unidos prohíben aplicar sobre su propio suelo. Unos pocos países dilapidan los recursos de todos. Crimen y delirio de la sociedad del despilfarro: el seis por ciento más rico de la humanidad devora un tercio de toda la energía y un tercio de todos los recursos naturales que se consumen en el mundo. Según revelan los promedios estadísticos, un solo norteamericano consume tanto como cincuenta haitianos. Claro que el promedio no define a un vecino del barrio de Harlem, ni a Baby Doc Duvalier, pero de cualquier manera vale preguntarse: ¿Qué pasaría si los cincuenta haitianos consumieran súbitamente tanto como cincuenta norteamericanos? ¿Qué pasaría si toda la inmensa población del Sur pudiera devorar al mundo con la impune voracidad del Norte? ¿Qué pasaría si se multiplicaran en esa loca medida los artículos suntuarios y los automóviles y las neveras y los televisores y las usinas nucleares y las usinas eléctricas? ¿Qué pasaría con el clima, que está ya cerca del colapso por el recalentamiento de la atmósfera? ¿Qué pasaría con la tierra, con la poca tierra que la erosión nos está dejando? ¿Y con el agua, que ya la cuarta parte de la humanidad bebe contaminada por nitratos y pesticidas y residuos industriales de mercurio y plomo? ¿Qué pasaría? No pasaría. Tendríamos que mudarnos de planeta. Éste que tenemos, ya tan gastadito, no podría bancarlo.

El precario equilibrio del mundo, que rueda al borde del abismo, depende de la perpetuación de la injusticia. Es necesaria la miseria de muchos para que sea posible el derroche de pocos. Para que pocos sigan consumiendo de más, muchos deben seguir consumiendo de menos. Y para evitar que nadie se pase de la raya, el sistema multiplica las armas de guerra. Incapaz de combatir contra la pobreza, combate contra los pobres, mientras la cultura dominante, cultura militarizada, bendice la violencia del poder. El american way of life, fundado en el privilegio del despilfarro, sólo puede ser practicado por las minorías dominantes en los países dominados. Su implantación masiva implicaría el suicidio colectivo de la humanidad. Posible, no es. Pero, ¿sería deseable?

En un hormiguero bien organizado, las hormigas reinas son pocas y las hormigas obreras, muchísimas. Las reinas nacen con alas y pueden hacer el amor. Las obreras, que no vuelan ni aman, trabajan para las reinas. Las hormigas policías vigilan a las obreras y también vigilan a las reinas.

La vida es algo que ocurre mientras uno está ocupado haciendo otras cosas, decía John Lennon. En nuestra época, signada por la confusión de los medios y los fines, no se trabaja para vivir: se vive para trabajar. Unos trabajan cada vez más porque necesitan más que lo que consumen; y otros trabajan cada vez más para seguir consumiendo más que lo que necesitan.

Parece normal que la jornada de trabajo de ocho horas pertenezca, en América Latina, a los dominios del arte abstracto. El doble empleo, que las estadísticas oficiales rara vez confiesan, es la realidad de muchísima gente que no tiene otra manera de esquivar el hambre. Pero, ¿parece normal que el hombre trabaje como hormiga en las cumbres del desarrollo? ¿La riqueza conduce a la libertad, o multiplica el miedo a la libertad?

Ser es tener, dice el sistema. Y la trampa consiste en que quien más tiene, más quiere, y en resumidas cuentas las personas terminan perteneciendo a las cosas y trabajando a sus órdenes. El modelo de vida de la sociedad de consumo, que hoy día se impone como modelo único en escala universal, convierte al tiempo en un recurso económico, cada vez más escaso y más caro: el tiempo se vende, se alquila, se invierte. Pero, ¿quién es el dueño del tiempo? El automóvil, el televisor, el video, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para ganar tiempo o para pasar el tiempo, se apoderan del tiempo. El automóvil, pongamos por caso, no sólo dispone del espacio urbano: también dispone del tiempo humano. En teoría, el automóvil sirve para economizar tiempo, pero en la práctica lo devora. Buena parte del tiempo de trabajo se destina al pago del transporte al trabajo, que por lo demás resulta cada vez más tragón de tiempo a causa de los embotellamientos del tránsito en las babilonias modernas.

No se necesita ser sabio en economía. Basta el sentido común para suponer que el progreso tecnológico, al multiplicar la productividad, disminuye el tiempo de trabajo. El sentido común no ha previsto, sin embargo, el pánico al tiempo libre, ni las trampas del consumo, ni el poder manipulador de la publicidad. En las ciudades del Japón se trabaja 47 horas semanales desde hace veinte años. Mientras tanto, en Europa, el tiempo de trabajo se ha reducido, pero muy lentamente, a un ritmo que nada tiene que ver con el acelerado desarrollo de la productividad. En las fábricas automatizadas hay diez obreros donde antes había mil; pero el progreso tecnológico genera desocupación en vez de ampliar los espacios de libertad. La libertad de perder el tiempo: la sociedad de consumo no autoriza semejante desperdicio. Hasta las vacaciones, organizadas por las grandes empresas que industrializan el turismo de masas, se han convertido en una ocupación agotadora. Matar el tiempo: los balnearios modernos reproducen el vértigo de la vida cotidiana en los hormigueros urbanos.

Según dicen los antropólogos, nuestros ancestros del Paleolítico no trabajaban más de veinte horas por semana. Según dicen los diarios, nuestros contemporáneos de Suiza votaron, a fines de 1988, un plebiscito que proponía reducir la jornada de trabajo a cuarenta horas semanales: reducir la jornada, sin reducir los salarios. Y los suizos votaron en contra.

Las hormigas se comunican tocándose las antenas. Las antenas de la televisión comunican con los centros de poder del mundo contemporáneo. La pantalla chica nos ofrece el afán de propiedad, el frenesí del consumo, la excitación de la competencia y la ansiedad del éxito, como Colón ofrecía chucherías a los indios. Exitosas mercancías. La publicidad no nos cuenta, en cambio, que los Estados Unidos consumen actualmente, según la Organización Mundial de la Salud, casi la mitad del total de drogas tranquilizantes que se venden en el planeta. En los últimos veinte años, la jornada de trabajo aumentó en los Estados Unidos. En ese período, se duplicó la cantidad de enfermos de stress.

Referencia: https://mirarnos.blogia.com/2007/050801-ser-como-ellos-eduardo-galeano.php

"La cultura el miedo"
En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivian ante la enfermedad que la acosa. La muerte de cada malvivivente surte efectos farmacéuticos sobre los bien vivientes. La palabra farmacia viene de pharmakos, que era el nombre que daban los griegos a las víctimas humanas de los sacrificios ofrendados a los dioses en tiempos de crisis.
LA INDUSTRIA DEL MIEDO
El miedo es la materia prima de las prósperas industrias de la seguridad privada y del control social. Una demanda firme sostiene el negocio. La demanda crece tanto o más que los delitos que la generan, y los expertos aseguran que así seguirá siendo. Florece el mercado de las policías privadas y las cárceles privadas, mientras todos, quien más, quien menos, nos vamos volviendo vigilantes del prójimo y prisioneros del miedo.
CLASES DE CORTE Y CONFECCIÓN: CÓMO ELABORAR ENEMIGOS A MEDIDA
Muchos de los grandes negocios promueven el crimen y del crimen viven. Nunca hubo tanta concentración de recursos económicos y de conocimientos científicos y tecnológicos dedicados a la producción de muerte. Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial. Afortunadamente para ellos, la amenaza de la paz se está debilitando, ya se alejan los negros nubarrones, mientras el mercado de la guerra se recupera y ofrece promisorias perspectivas de carnicerías rentables. Las fábricas de armas trabajan tanto como las fábricas que elaboran enemigos a la medida de sus necesidades.
EL MIEDO GLOBAL
Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir.
Referencia: https://www.monografias.com/docs/Ensayo-de-la-cultura-del-miedo-de-F3JMY3YBY

Documental "La Cultura el miedo"

Críticas personales de los Ensayos expuestos

"Ser como ellos"
En el ensayo anteriormente expuesto se toca un tema bastante delicado, pero al mismo tiempo muy realista. Considero que la manera en la que se argumentaron los diferentes puntos del ensayo se hicieron de manera correcta. Galeano logró explicar muy acertadamente el punto de que los países subdesarrollados, de Tercer Mundo o los que se encuentran por debajo en la cadena de los países más favorecidos sólo podrán surgir si se mantiene apegados a las reglas, normativas y maneras de vivir que han sabido mantener los que arriba se encuentran, los llamados países de Primer Mundo. Estos últimos, son protagonistas de la devastación que ahora vive nuestro planeta, a lo que ellos llaman “modernización”, una “modernización” que nos está llevando a la destrucción de lo que conocemos, que nos está llevando a provocar que, tal vez, en un futuro no tan lejano como parece, no nos quede otro remedio que abandonar, abandonar el único lugar que nos brinda todo sin pedir nada a cambio, solo por los sentimientos tan vagos y pobres de codicia y egoísmo.

"La cultura el miedo"
A manera personal y general se piensa que el ensayo da un claro mensaje de como se sienten, viven y piensan una gran porción de personas, las cuales durante toda su vida se han concentrado en temerle a algo que quizás no este presente o suceda, y que prefieren premiar la seguridad en vez de la justicia por causarles una sensación de tranquilidad. El ensayo también nos expone que el miedo es el centro y desarrollo de muchos negocios que se escudan con apoyar o proporcionar la paz.   

¿Mantienen vigencia en la actualidad?




Arturo Uslar Pietri

(Caracas, 1906 - 2001) 
Escritor y político venezolano. Después de Rómulo Gallegos, es el escritor venezolano que de más celebridad y consideración ha disfrutado en el siglo XX. Su novela Las lanzas coloradas (1931), con la que se dio a conocer cuando contaba apenas veinticinco años, contribuyó a forjar la tan hispanoamericana tradición del «realismo mágico».
Fueron sus padres Arturo Uslar Santamaría, de ascendencia alemana, y Helena Pietri Paúl, descendiente de corsos afincados en el estado Sucre. Su bisabuelo paterno, el general Juan Uslar, luchó en la guerra de Independencia, y su abuelo materno, el general Juan Pietri, fue presidente del Consejo de Gobierno en los inicios del régimen de Juan Vicente Gómez. Tanto su padre como su abuelo fueron generales en el ejército venezolano.
Siempre se ufanó Uslar de descender de luchadores por la Independencia de Venezuela y servidores de la patria, y solía destacar la presencia en su tronco familiar de un edecán de Simón Bolívar y de dos presidentes de Venezuela, Carlos Soublette y Juan Pablo Rojas Paúl. No es de extrañar, con tales antecedentes familiares y el hondo sentido de la responsabilidad histórica y ciudadana que le inculcaron sus padres desde niño, que Arturo Uslar Pietri dirigiera una buena parte de sus esfuerzos a labrarse una trayectoria política. Son legión los cargos públicos que desempeñó. Fue tres veces ministro: de Educación (1939-1941), de Hacienda (1943) y de Relaciones Interiores (1945). Ocupó la Secretaría de la Presidencia de la República (1941-1943) en el mandato de Isaías Medina Angarita.
Como representante del pueblo, fue electo diputado a la Asamblea Legislativa en 1944 y senador en el Congreso Nacional por el Distrito Federal (1958). Y como líder político presentó su candidatura a la presidencia de la República en 1963, con el lema "Arturo es el hombre". Obtuvo 16,1 por ciento de la votación nacional, porcentaje importante en un régimen electoral como el venezolano, de mayoría simple en única vuelta de escrutinio.
Uslar había estudiado primaria y secundaria en el Colegio Federal de Maracay y en el Liceo San José de Los Teques. Por su familia, vinculada a los círculos del poder gomecista, pudo conocer de cerca el complejo entramado de pasiones que lo caracterizaba y hacerse una temprana idea de la personalidad de Juan Vicente Gómez, el último gran caudillo venezolano. Este conocimiento de primera mano le fue muy útil a la hora de escribir relatos situados en esta época y, sobre todo, una de sus más notables novelas, Oficio de difuntos (1976).

En 1924 regresó a Caracas e ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Cuatro años antes había comenzado a publicar sus primeros textos en la prensa. En Caracas frecuentó asiduamente los círculos literarios, donde trabó amistad con los escritores Fernando Paz Castillo y Miguel Otero Silva. Juntos fundaron en 1928 la revista Válvula, en cuyas páginas encontró Venezuela un eco de las vanguardias europeas.
Ese mismo año, Uslar recogió sus primeros cuentos en Barrabás y otros relatos. Y también estallaron las revueltas estudiantiles contra el régimen de Gómez que llevarían a la cárcel a muchos jóvenes escritores: el citado Otero Silva, Antonio Arráiz y Andrés Eloy Blanco, entre otros. Arturo Uslar, hijo obediente de una notoria familia gomecista, aceptó en cambio el cargo de agregado civil en la legación de Venezuela en París, ciudad donde permaneció durante cinco años. Sin el período parisino, muy posiblemente su destino literario habría sido otro. La formación de su sensibilidad e intereses acabó de tomar forma al contacto con escritores y artistas que conoció, como Paul Valéry, Robert Desnos y André Breton, o frecuentó, como Ramón Gómez de la Serna, a cuyas tertulias en un cafetín de Montparnasse solía asistir.
Sobre todo, en París descubrió que otros latinoamericanos comenzaban a forjar novedosas herramientas literarias para abarcar con ellas la singularidad histórica y cultural de sus orígenes. El guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el cubano Alejo Carpentier, con quienes se reunía y conversaba, fueron influencias determinantes, y, junto con el mismo Uslar, acabarían siendo los precursores del «realismo mágico» a que se abocarían parte de los narradores de la siguiente generación, la del «Boom» de los años 60, y que culminaría en realizaciones tan emblemáticas como Cien años de soledad (1967), del colombiano Gabriel García Márquez. Fue en este terreno donde acabaría perfilándose lo mejor de la obra de Uslar, y por lo pronto dio sus frutos en su primera novela, Las lanzas coloradas (1931), recreación imaginativa de las guerras de Independencia venezolanas.
Años después, Uslar afirmaría que él había inventado el realismo mágico, ya que con la publicación de esta obra se había adelantado a sus amigos latinoamericanos en París. Que ello sea cierto o no es un detalle subsidiario; lo importante es que Las lanzas coloradas se sumó a Cubagua, de Enrique Bernardo Núñez, otra novela publicada en ese año de gracia para la novelística venezolana que fue 1931, y que ambas dieron a los venezolanos que quisieran abordar imaginativamente los hechos históricos un enfoque novedoso, alejado de los convencionalismos retóricos y la compulsión hagiográfica habituales en este género. Y más allá de Venezuela, la publicación de la primera novela de Uslar "abrió la puerta para lo que sería luego el reconocimiento de la novela latinoamericana en todo el mundo", en opinión del novelista peruano Mario Vargas Llosa.
Sin solución de continuidad, Uslar regresó a una Caracas provinciana y aletargada por la censura en 1934 y prosiguió su carrera literaria. Publicó artículos y ensayos de crítica y reflexión sobre asuntos literarios en la revista El Ingenioso Hidalgo, fundada por él mismo con la ayuda de su primo Alfredo Boulton y los escritores Julián Padrón y Pedro Sotillo. El 14 de julio de 1936, siete meses después de la muerte del "Benemérito" Juan Vicente Gómez, publicó en el periódico Ahora el que habría de convertirse en su artículo más leído y comentado: "Sembrar el petróleo". Allí levantaba la voz para pedirle a los gobernantes de Venezuela que no despilfarraran el oro negro, cuya explotación había comenzado a hacerse intensiva hacía pocos años, y lo utilizaran para dotar al país de actividades capaces de garantizar el sustento de sus habitantes.
Por lo demás, durante estos años y hasta el derrocamiento del gobierno de Medina Angarita, en 1945, Uslar desplegó todos sus esfuerzos en el terreno de la política, bien participando directamente en el gobierno y presentándose ante los electores, bien ejerciendo su influencia en la opinión pública. Desde los inicios del diario El Nacional, en 1943, fue uno de sus más constantes articulistas.
Los títulos mismos que dio a su columna en este medio ("Pizarrón"), así como posteriormente a los programas televisivos que dirigió y presentó ("Valores Humanos" y "Cuéntame a Venezuela"), delatan su inmenso afán didáctico. Paralelamente a sus actividades políticas, periodísticas y estrictamente literarias, Uslar ocupó diversas cátedras universitarias: las de Economía Política (1937-1941) y Literatura Venezolana (1948) en la Universidad Central de Venezuela, y la de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Columbia, en Nueva York (1947).
De 1945 a 1950 marchó al exilio a Nueva York. Por supuesto, aprovechó su estancia en Estados Unidos para dedicarse más a fondo a su obra literaria, y publicó la novela El camino de El Dorado (1947), el libro de cuentos Treinta hombres y sus sombras (1949) y los ensayos Sumario de economía venezolana y Letras y hombres de Venezuela, ambos en 1948. Pero Uslar no perdonó nunca el golpe de mano contra el gobierno de Medina Angarita perpetrado por la junta civicomilitar encabezada por Rómulo Betancourt y los "adecos".
Ello explica en buena medida su actitud siempre crítica y distante con el poder durante el largo período de la IV República (1958-1998). Durante este período aceptó sólo un cargo oficial, el de representante de Venezuela ante la Unesco, en París, a mediados de la década de 1970. En 1983, cuando estalló la crisis del endeudamiento y se puso de manifiesto por primera vez la hondura del quebranto económico del país, no se mordió la lengua para señalar una de sus raíces más profundas: "Venezuela está cansada del viejo y podrido disco de las promesas populistas con las que nunca ha podido salir adelante. El populismo es, en una proporción inmensa, el causante de todos los resultados negativos que hemos confrontado en estos años".
El prestigio de Uslar Pietri en Venezuela era enorme. Sus opiniones sobre cualquier asunto eran esperadas y, en algunos casos, temidas. Mucho antes de entrar en la vejez vio como sus obras ingresaban en los planes de estudio de colegios y liceos. Todo venezolano nacido en la década de 1950 ha tenido forzosamente que leer alguna página de este escritor. Aguardó en vano el galardón que más codiciaba: el Premio Cervantes. Pero ningún otro escritor venezolano obtuvo como él tantos premios y galardones por su obra narrativa, incluido el premio de novela más prestigioso del ámbito hispánico, el Rómulo Gallegos, y ha sido el único venezolano en recibirlo.
El fallo del jurado del Premio Príncipe de Asturias, que le fue otorgado en 1990 por la novela La visita en el tiempo, reconoció en Arturo Uslar Pietri al "creador de la novela histórica moderna en Hispanoamérica, cuya incesante y fructífera actividad literaria ha contribuido señeramente a vivificar nuestra lengua común, iluminar la imaginación del Nuevo Mundo y enriquecer la continuidad cultural de las Américas". Uno de los miembros del jurado, el novelista mexicano Carlos Fuentes, juzgó que Uslar ha forjado "una concepción moderna de la novela, ofreciendo las sombras y las luces del proceso histórico", y que es el precursor de una concepción de la literatura en la que se reconocen otros autores, como el premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez.

Referencia: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/u/uslar.htm


Documental de vida Arturo Uslar Pietri

Ensayos 

"Del hacer y deshacer en Venezuela"

“Toda historia es el proceso de un hacer y deshacer. Se derribaron los árboles para hacer casas, se mataron animales para hacer abrigos con sus pieles, se desviaron o represaron las corrientes de agua para regar sementeras. El fuego es el gran símbolo de esa condición. Fuerza destructiva por excelencia, que el hombre convirtió en el primer instrumento de la civilización.
La acción de los hombres en el tiempo de la historia. A condición de que alguien quede para darse cuenta de lo que ha pasado. Ese darse cuenta, por su parte, es precisamente la acción de la historia sobre los hombres. Por ese darse cuenta podemos ponernos en una actitud de recibir o rechazar el pasado. De partir en guerra contra él, o de utilizarlo como instrumento de futuro. Hay una erosión del tiempo sobre los hombres. Así como el agua o el viento labran y cambian la faz de la tierra, la corriente del tiempo es un agente modelador de la acción humana. Pero también los hombres labran y condicionan el tiempo con su manera de entenderlo. La historia es también, y acaso sobre todo, el tiempo sometido a la erosión de los hombres.
Venezuela es un paisaje de la historia. Podemos verla dramáticamente en la faena de ser hecha y deshecha por sus hombres, que es también la manera en la que ella hace y deshace sus hombres.
Si uno contempla de una manera simple y superficial la difícil y oscura historia de este país, estaría tratando de decir, robando los términos de la geología, que hubo una edad neptuniana del hacer y deshacer de Venezuela, que es el tiempo de la Colonia. Por lenta sedimentación de materia se fueron constituyendo los ordenados estratos de una vida social. Después con la Independencia, vino una edad plutónica, de violentas resquebrajaduras y fallas, de explosivo choque de fuerzas, que alteró toda la estructura y el aspecto de la sociedad.
No sé lo que podrán pensar los geólogos de este símil, pero temo adivinar lo que podrían decir los historiadores. El proceso del hacer y deshacer es continuo, solo que hay etapas en que reviste formas de violencia.
En la etapa colonial están presentes todas las fuerzas y la mayor parte de las circunstancias de las que más tarde parece alimentarse la violencia. El desajuste entre los fines y los medios, entre las condiciones y los propósitos, entre lo que se pretendía ser y lo que no se quería ser. No sólo la época colonial estaba preñada de las violencias de la Independencia, sino que en ella se inicia, no ya las condiciones de la pugna futura, sino la pugna misma.
Ha sido de trabajos de la historia de Venezuela. De trabajos y de desazones. De grandes y desmesuradas esperanzas y de difíciles reajustes de la realidad. De poner en el mañana y lo lejano el objeto de la acción apasionada y fulgurante por no querer, o acaso poder, atenerse a lo presente y a lo dado.
La imagen cabal acaso sea la de aquel puñado de hombres que sale con Alfinger o con Hutten de la miserable ranchería a Coro a buscar, en una de las hazañas de energía y tenacidad más grandes del hombre, la inalcanzable ciudad de oro, del rey Dorado, cuando, con una parte mínima de ese mismo esfuerzo, hubieran podido hacer en su asiento original una ciudad habitable, y unas huertas donde los vecinos pudieran vivir y prosperar a gusto y en paz.
La larga búsqueda del Dorado termina en frustración, en desaliento y en perezosa resignación. Era como una subordinación o sacrificio de los fines inmediatos y accesibles en beneficio de los fines mediatos e inaccesibles. Cuando se tenía a mano hacer una ciudad y una huerta, se consumían todas las energías en la desesperada búsqueda del Dorado. Entre el país miserable de las rancherías y la ciudad de oro macizo, no hubo término medio.
Hay cierto paralelismo en nuestra historia entre la búsqueda del Dorado en el siglo XVI y la desesperada búsqueda de la República ideal en nuestro siglo XIX. Entre la búsqueda de la ciudad de la riqueza y la ciudad de la justicia. Fueron vidas enteras y almas enteras, las que, de espaldas a lo inmediato, se pusieron a una y otra empresa.
En ambas aparece, reveladoramente, un desacuerdo fundamental entre los fines y los medios, entre el pasado y los proyectos, entre los hombres y los ideales. Una historia de contradicción, de pugna y desasosiego entre lo que se podía y lo que se quería. Entre lo que se sacrificaba y lo que no se lograba.
El resultado ha venido a ser, generalmente un sentimiento de frustración o de fatalidad enemiga. No correspondía el fruto ni a la esperanza, ni al esfuerzo. ¿Era acaso culpa del esfuerzo o era tal vez culpa de la esperanza? Un buscar lo no alcanzable. Que ha significado muchas veces un deshacer y un desperdiciar, de ocasiones y hombres, en busca de un gran hacer que no se alcanza.
Por eso, acaso, nuestra historia está tan llena de ansiosos y de frustrados. De ansiosos que casi fatalmente se van a convertir en frustrados. Frustrado fue Alfinger y frustrado fue Hutten porque no buscaban lo que encontraron, porque lo que buscaban no era alcanzable para ellos.
Frustrado fue Las Casas con sus Caballeros de la Espuela dorada, frustrado fue Fajardo a su manera y Lope de Aguirre a la suya. Y más tarde en el siglo XIX, en grado variable y en forma diferente, no menos frustrados se van a sentir Miranda, Simón Rodríguez, Ustáriz y Bello. Por no nombrar al más grande de los desesperados hacedores: Simón Bolívar.
Más que la historia lineal de los sucesos y de los hombres, me ha interesado la trama de ese hacer y deshacer que es más, acaso, la materia del novelista que la del historiador. Lo que no significa que el historiador deba trabajar menos con la vida que el novelista.
Esto tal vez, explica por qué éste no pretende ser un libro de historia sino un conjunto de reflexiones sobre la vida venezolana, hechas en discontinuas horas, en la que se toma y se retoma el tema de la erosión del hombre y del tiempo en lo que hasta ahora hemos llamado la Historia de Venezuela. Que es acaso, el hamletiano o segismundiano tema, de no haber querido ser lo que podíamos, o de no haber podido ser lo que queríamos.
Estoy convencido de que no es una reflexión inútil. Buscar las raíces, señalar las contradicciones, observar ciertas aparentes constantes, puede ayudarnos a que, en el hoy y en el mañana, el hacer llegue a ser más que el deshacer, y lo inmediato más que lo inaccesible.
Lo que reflejan estas páginas es una dolida y reiterada preocupación de entender. Sin ella la historia no sería sino un cuento de hadas. La preocupación de entender, no de un historiador, que no pretendo serlo, sino de un hombre, que no se resigna a aceptar la historia como una fatalidad a la que hay que someterse previamente.

Referencia: http://zhairmarrero.blogspot.com/2016/08/del-hacer-y-deshacer-de-venezuela.html

"Una educación muda"
La educación venezolana no enseña a hablar, ni a escribir. No sé si este grave mal lleno de amenazas para el presente y el futuro se extiende a otros países hispanoparlantes. El caso constituye las más absurda y dañina contradicción, nos empeñamos en la escuela, en hacer aprender un heterogéneo cúmulo de conocimientos dispersos e incompletos sobre las ramas de la ciencia, la historia y la literatura, pero el instrumento fundamental, sin el cual esos conocimientos quedarán sin contenido y sin posibilidad de comunicación, que es la lengua, no enseñamos prácticamente nada.
O mejor dicho, enseñamos lo que tiene menos importancia. Hacemos pasar a los estudiantes largas horas tediosas memorizando inútiles reglas de gramática y muy poco o nada se hace por hacerles aprender, con la práctica continua y viva, cómo usar con propiedad y limpieza la lengua hablada y escrita.
No aprender a expresarse es salir de la educación mudo y aislado. El más importante instrumento, si diría que el solo instrumento que el hombre posee de conocimiento y comunicación, es la lengua. Quien no sabe hablar es un mutilado, un maltrecho, un ser incompleto, aunque haya acumulado en su memoria todas las ecuaciones matemáticas o todas las fórmulas químicas.
La lengua es mucho más que un instrumento, es el medio de pensar y entender. Quien no sabe expresarse bien, no puede pensar bien. Es la precisión del concepto de la palabra empleada la que lleva la precisión del concepto y el matiz del conocimiento. Los antiguos creían, con razón, que el don fundamental que los dioses habían dado a los hombres era la lengua. Shelley, precisamente un gran poeta, es decir, un hombre que tenía cabal sentido del poder de la palabra, decía bella y atinadamente en su poema a Prometeo: "Dio sl hombre la palabra y la palabra creó el pensamiento, que es la medida del universo".
Mientras la escuela hace muy poco para enseñar a usar el lenguaje, otros medios, más poderosos que ella, hacen todo lo posible con la terrible eficacia para empobrecer, desnaturalizar y destruir el lenguaje.
La calle de nuestras ciudades es un aula abierta de corrupción del lenguaje. Jergas de hippies, de patoteros, llenas de comodines deformados y deformadores, de imitaciones fonéticas de otras lenguas, predominan en una conversación casi inarticulada que no emplea más de docenas de palabras.

Referencia:http://razonamientoverbaljpg.blogspot.com/2007/04/refexionar-en-estos-tiempos.html

Documental de "Una Educación Muda"

Críticas personales de los Ensayos expuestos

"Del hacer y deshacer en Venezuela"
El ensayo es muy bueno ya que nos habla de como el hombre hace y deshace para crear y formar historia a partir de ello, en este caso nos habla de Venezuela, de sus raíces y sus comienzos cuando los hombres fueron y siguen siendo un factor clave para su hecho y deshecho. Aun en la actualidad el hombre es el principal protagonista en la historia del mundo ya que el es que desarrolla los distintos medios que conllevan a escenarios históricos.  

"Una educación muda"
El ensayo expuesto por Pietri es exelente, ya que, nos plantea que el sistema educativo venezolano esta enfocado en enseñar un cumulo de cosas que mal que bien son importantes y nos dan cultura general pero que lo mas fundamental que es la lengua no se enseña lo propiamente debido y como es debido, la lengua que es lo mas importante y lo que más se debería dominar por ser el medio que se usa para expresarse, pensar, crear, etc. No es a lo que se le da mayor importancia. La escuela siempre se ha enfocado en enseñar un cumulo de información que al final no es la mas indispensable para el exito y el desarrollo de uno mismo.   

¿Mantienen vigencia en la actualidad?

El ensayo de "Del hacer y deshacer en Venezuela" mantiene vigencia ya que el hombre sigue haciendo y deshaciendo su acción en el tiempo de la historia ya sea para la evolución, experimentador, desarrollo etc. Y con esto va creando mas historia para Venezuela y el mundo.  

En cuando al ensayo de "Una educación muda" este mantiene una gran vigencia en la actualidad ya que se ve muy a menudo personas estudiadas y preparadas pero que no saben expresar y organizar sus ideas. 


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